domingo, 18 de diciembre de 2022

MONSIEUR LAFEBU (El Cagueiro)

 .


.
Era una lucecilla -de color naranja- que lentamente

ladeaba la loma en la apacible noche. Después, ya en la
cima, se detenía y quedaba inmóvil como si se repusiese
del arduo ascenso. Nadie jamás intentó acercarse a la
Loma de Lafebú en las noches de Cuarto Menguante, pues
conocido era de todos que aquella minúscula “candelita” pertenecía al inseparable farol de monsieur Lafebú.
Cuentan de Monsieur Lafebú, era hombre taciturno y desconfiado; personaje obscuro casi olvidado ya y prota-
gonista, además, -años atrás- de un insólito y sobreco-
gedor suceso.
Lafebú, había sido siempre un rico colono francés que
vivió por muchos años en las afueras de Santa María; allí
tenía una hermosa residencia construída al estilo colonial
y toda de piedras y madera trabajada, hallándose situada en lo más alto de un promontorio al que lo llamó desde siempre:”Loma de Lafebú”. Con él vivían los criados y tres hijas; hijas las que eran trillizas; hijas a las que casi nadie vio
jamás pues no bajaban nunca al Batey.
Dicen que el padre lo había prohibido terminantemente.
Lafebú desconfiaba de todos. Y a tal extremo hubo de llegar en su desconfianza, que movióse a enterrar su amasada fortuna en numerosas botiluelas de barro; tragándose, posteriormente, el mapa del lugar exacto.
El tiempo pasó. Y una noche de Cuarto Menguante, cuando el viento ¡inflexible! Batía el sueño de todos, hubo candela en el
cañaveral. El fuego ¡asesino! Corrió raudo por las
guardarrayas y los salados; cruzó cercados; consumió potreros
de hierba guinea, y, por último, subió más devastador que nunca hacia los dominios de Lafebú apoderándose en corto tiempo de todo. Fue, entonces, cuando las incontenibles e
inmensas llamaradas ya dueñas de la situación, parecieron
sonreír satisfechas al consumir las entrañas de aquel símbolo.
Cuentan los moradores del batey (abajo en el valle) y que presenciaron atónitos e impotentes el impresionante espec-
táculo, que cuando más feroz e intenso era el incendio en
casa del frances, se alcanzó a divisar cómo de aquel infier-
no en llamas salía una pequeña y solitaria lengüeta de fuego
color naranja que se alejaba trabajosamente. Bajando, después, precipitadamente por la cuesta...y perdiéndose en
la profundidad de la noche. Era monsieur Lafebú, era el señor
feudal de Santa María que un minuto antes de perecer carbonizado pactó con el Demonio y éste...lo convirtió en
Cagüeiro.”
Desde entonces, todas la noches de Cuarto Menguante cuando el viento inflexible bate el sueño de todos, el Cagüeiro regresa y cava entre los escombros. Busca...busca entre las piedras y cenizas de su desgracia, el metal perdido. Busca, pues ya no le queda memoria sana; busca...busca hasta desesperarse...el ORO que tan bien supo ocultar.
Este poema se encuentra en el libro Desheredados
cuya autoría es de Manuel Prieres.

No hay comentarios: